octubre 29, 2007

Soda en Guayaquil


Ecuador tuvo que esperar décadas para volver a escuchar a los Soda. "Guayaquil carajo" fue lo primero que escuchamos de la boca de Cerati, después de un millón de años de espera. Todo el país se movilizó hasta las orillas del río Guayas para escucharlos. Las puertas del Estadio Modelo se habían abierto a las 2 y 30 de la tarde, y todos estábamos desesperados. El sol de la tarde fue casi tan agotador y dañino como la banda que quiso abrir el concierto (por cierto, escuché que esta banda, Lemon Pie, consiguió la tocada debido a algún pedido de uno de los auspiciantes, lo cual es vergonzoso e inmoral. Injustificable). Antes de que cayera la noche Ecuador tuvo que aguantar el calor de la costa, la maravillosa e infalible arquitectura de los baños del estadio, los elevadísimos precios de una botella de agua (400% más caro que el precio normal)... Pero esto no es todo. Ábranse una cervecita, cojan un sánduche. Hubo mucho más en el preludio a Soda Stereo.


Alrededor de las 5 de la tarde, cuando el sol estaba lo más indecente y grosero posible, en el lado más lejano al escenario del sector de la Preferencia y las inmediaciones más inmediatas de General se vio a la gente en un completo estado de histeria. Empezaron a agitar sus camisetas, a saltar, a gritar. ¿Qué está pasando? preguntaban todos. Aún faltaba horas para el concierto, por lo que un estímulo colectivo de alegría por ver a Soda estaba descartado. Algunos se cubrían la cara con lo que encontraran. Gente corría desesperada hacia los baños. Otros encendieron cigarrillos, o antorchas de papel periódico. Los gases lacrimógenos estaban descartados, porque nadie insultaba a los policías. Estos no podían hacer nada por controlar la situación, porque se hallaban en la misma euforia: agitaban sus sombreros o corrían por los graderíos, como si fueran gente normal. Rarísimo. Cuando vi que ellos también gritaban y saltaban supe que no se trataba de alegría rockera, o del curioso efecto de alguna droga costeña que aún no conocía. Era un ataque de abejas. Media hora duró la escena, digna de una película de Hitchcock o un cuento de Cortázar, dependiendo del nivel imaginativo del lector.


Las abejas salieron, jodieron a media localidad, se cagaron de risa un rato, picaron a unos cuantos, bailaron al ritmo de la (en su mayoría) pésima música seleccionada como fondo y volvieron a su panal, ubicado justo debajo de las gradas. Esto, en realidad, no les tomó más de quince minutos. Pero un señor policía, uno de esos uniformados que están entrenados para servir y proteger con respeto e inteligencia, hizo quedar muy bien a su institución cuando aumentó quince minutos al cortometraje hitchcockiano cuando pateó el panal. Su intención no quedó del todo clara. O quería pedirles de la manera más efectiva que se queden quietitas, o siguiendo su instinto básico aprovechó la situación para acaramelar la tribuna. Lo cierto es que no logró ninguna de estas dos cosas. Todo lo contrario. Las abejas, obviamente, salieron de nuevo, esta vez no de relajo, sino realmente emputadas, y la tribuna no se acarameló, sino que se desesperó. El chapa ni siquiera tuvo tiempo de poner cara de sorpresa: tuvo que cerrar la boca para que las abejas no se le entren por ahí. Tranquilos, ninguna abeja cometió esa estupidez.
Alrededor de las 6 de la tarde la euforia vivida en Preferencia saltó el control policial y las barandas y se fue para General. Pero con muy diferentes motivos. Al parecer, Cerati apareció por las gradas de acceso de la general y subió a lo más alto del estadio, tomándose fotos con todos sus fans. Eso fue lo que creímos que había sucedido desde la distancia en la que estábamos. Pero resultó falso: se trataba de un buen imitador.
Casi cuatro horas después Soda, con el verdadero Cerati, sedujo al Guayas con sus juegos. La coordinación entre lo musical y lo visual fue casi tan buena como la química que la banda sostuvo entre ellos durante todo el concierto, aún después de diez años de óxido. La Ciudad de la Furia se destacó con el recorrido visual de amenazantes rascacielos que se proyectaban detrás de la fuerza de Alberti, que castigaba tambores como si cazara abejas. Picnic en el 4B fue para mí una sorpresa, y levantó a todo el mundo, que sabiéndola o no la corearon con ganas. Cuando Pase el Temblor permitió a la banda divertirse y divertir a todos con un toque de reggaeton. Pero el momento más alto en mi memoria fue la no tan conocida Fue, donde Cerati pidió al público encender "cualquier cosa". Celulares, fosforeras, lámparas. El tema, uno de mis favoritos, estuvo acompañado de imágenes que llevaron la canción a un plano inimaginable. Creo que nunca había sentido tanta energía y tanta fuerza, considerando que hablamos de una balada. El estadio era un mar de estrellas multicolores, el escenario un planeta.ç
Hubo varios problemas técnicos con la guitarra, pero no importó en lo más mínimo. Generalmente protesto mucho cuando hay esta clase de problemas, pero con Soda ni se sintieron. Sorprendieron a todos. El concierto pareció durar aún más que la espera y fue una excelente muestra de porqué la banda alcanzó el éxito en su época y de la fuerte persistencia que aún tiene. Si Soda va a pasar por su ciudad, por su país, recomiendo que vayan. Si no les gusta mucho, si no tienen mucha afinidad por la banda, no importa. Vayan. No se van a arrepentir en un millón de años luz.
Considerando mi mala memoria, reproduzco lo que creo yo que fue la lista de canciones del concierto.
Juegos de Seducción
Tele-k
Telarañas
Hombre al Agua
En Camino
La Ciudad de la Furia
Picnic en el 4B
Caja Negra
Zoom / Cuando Pase el Temblor
El Rito
Trátame Suavemente
Fue
Sobredosis de TV
Danza Rota
Persiana Americana
En remolinos
Primavera 0
No Existes
Sueles dejarme solo
En el 7mo Día
Un millón de años luz
De música ligera
Primer Retorno:
Disco Eterno
Cae el Sol
Prófugos

Segundo Retorno:
Zona de Promesas
Nada Personal
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